Del 13 al 15 de septiembre, bajo el lema «Ser faros que iluminen la vida» y con la presencia del Hno. Provincial, Raúl Schönfeld, las Fraternidades renovaron el compromiso de mantener viva la luz de Dios en sus obras y comunidades.

En la apertura de la primera jornada, luego de la oración inaugural y las presentaciones de los asistentes, el Hno. Raúl recordó el llamado del último Capítulo Provincial ─Como Maristas de Champagnat, nos sentimos llamados a ser y promover comunidades comprometidas con su vitalidad─ e invitó a las Fraternidades a discernir juntas cuál es el aporte único, singular, que brindan a la Provincia Cruz del Sur, qué se sienten llamadas a dar, qué servicios quieren donar.  

Con la mirada puesta en la imagen del Faro, que animó el Encuentro, reflexionaron sobre los pilares de sus vidas y de sus fraternidades. Por la tarde, continuaron trabajando  con la imagen de la Escalera que, como las convicciones ─con sus luces y sombras─, nos instan a avanzar. Y, jalonando el recorrido, hicieron lugar al encuentro con Dios, meditando también sobre el modo en que él nos encuentra y lo que significa encontrarnos con él y con el hermano en nuestras realidades concretas.  

El primer día se cerró con una celebración dirigida por el Hno. Guillermo Mautino, que hizo posible a las Fraternidades reunir, ofrecer y agradecer todo lo vivido durante la jornada.

El segundo día fue dedicado a que cada Fraternidad pensara y dialogara las realidades que quiere iluminar. Y, en la emotiva misa de Envío, que presidió el Padre Raúl y que contó con la presencia y animación del Hno. César, se celebraron los 20 años de las Fraternidades Un corazón sin fronteras, de Buenos Aires, Violetas en la Roca, de Pergamino y Huellas de Marcelino, de Mendoza, y los 25 años de la Fraternidad San Marcelino Champagnat, de Rosario.

También se dio la bienvenida a dos de las nuevas Fraternidades allí presentes: Nuestra Señora del Valle, de Libertador, Jujuy, y La Valla, de la ciudad de Rosario, Santa Fe.

Después del almuerzo, todos regresaron a sus lugares con el corazón agradecido por lo vivido y el desafío de mantener viva la luz que Dios, a través de Marcelino, enciende en las Fraternidades.