En Uruguay volvieron las clases presenciales. Tras un enorme esfuerzo de organización por parte de las instituciones y las familias, los chicos y chicas retomaron el ciclo escolar después de meses de aislamiento preventivo. En diálogo con Juan Achard, director general del Colegio Marista Juan Zorrilla de San Martín, de Montevideo, compartimos este importante acontecimiento.

El contexto

Las clases presenciales comenzaron el 16 de junio en Uruguay con habilitación únicamente para los alumnos de 6to año del bachillerato (secundario) y para el ciclo inicial, durante 5 días a la semana y no más de 4 horas al día. El resto del alumnado comenzó las actividades presenciales el 29 de junio. El contexto, obviamente, es muy diferente al pre- pandémico: ingresos escalonados para evitar peligros de contagio utilizando todos los accesos que la institución ofrezca. La coordinación es un factor clave, ya que se debe informar correctamente a las familias tanto el horario como el área de ingreso correspondiente. Los alumnos acceden 30 minutos después del horario regular. Los directores se dividieron la supervisión de las entradas del colegio, para garantizar el orden y el espaciado del alumnado en este momento crítico de aglomeración.

Una vez dentro, parte del protocolo es un diálogo con el alumnado enfocado a conocer su estado de salud general: “¿cómo te sentís? ¿tenés algún síntoma?”. Se dispone también de alfombras sanitarias para que puedan limpiar sus calzados y de piletas cercanas a los accesos para lavarse las manos. Las mascarillas son obligatorias para todos los niveles excepto educación inicial. A los adultos se les toma la temperatura todos los días, mientras que al alumnado únicamente si demuestran algún tipo de síntoma. En caso de fiebre, los menores quedan aislados en una de las salas dispuestas hasta que un mayor lo retire por la institución. En el caso de alumnos mayores y adultos, directamente deben dirigirse a sus casas.

La respuesta del alumnado

El entusiasmo por volver a clases es notable. 6to año del bachillerato tuvo un 100% de asistencia. Educación inicial contó con una asistencia del 97% del alumnado, y los niveles restantes tuvieron un volumen correspondiente a cualquier inicio de clases de invierno, con escasas ausencias y todas justificadas. El colegio registró en cada ausencia el motivo de la misma, a fines de mantener un mayor control de la situación general. La vuelta a clases se vivió como una verdadera fiesta en la que la gran dificultad presente fue el no poder saludarse unos a otros con un fuerte abrazo.

La importancia de una comunicación efectiva

La interacción con padres y madres previo al retorno a clases fue esencial. La institución tuvo la oportunidad de comunicarles las modificaciones de infraestructura y protocolares, recibir y responder preguntas e inquietudes, medir y evaluar las emociones de cada familia, a fines de estar mejor preparados para encarar este desafío. Muchos adultos tuvieron la posibilidad de vivir la experiencia que luego iban a atravesar sus propios hijos: el lavado de manos previo al ingreso, el distanciamiento social con tapabocas, los indicadores en el piso para ubicar a los alumnos y alumnas. La idea era sacarse de encima dudas y miedos, ganar tranquilidad y confianza y generar una conciencia colectiva para acercarse a esta nueva realidad.

La educación virtual

En este nuevo contexto la educación es un híbrido entre el sistema presencial y el virtual. Si bien la educación remota de emergencia ganó protagonismo ante el aislamiento preventivo, hoy es innegable la necesidad de que el aula virtual sea un complemento permanente, sobre todo teniendo en cuenta los horarios reducidos de las clases presenciales. El colegio, por ejemplo, utiliza un día de la semana para enfocar sus contenidos y tareas en su plataforma virtual. Esta decisión es fruto del invaluable esfuerzo de docentes, directivos y alumnos que han adaptado sus métodos para continuar la enseñanza durante la pandemia, logrando generar recursos que resultan favorables al contexto actual.

Durante el aislamiento preventivo los docentes y directivos tuvieron momentos de gran dificultad. El cambio fue abrupto y rompió con una normalidad que ya de por si presentaba sus propios desafíos. El encuentro virtual con los alumnos requirió de un enorme esfuerzo de organización de tiempos, recursos y preparación. En muy poco tiempo los educadores se vieron en la necesidad de reinventarse mientras lidiaban con sus propios asuntos personales, también afectados por la pandemia. Para ellos, el reencuentro fue un momento de felicidad y alegría por el retorno a lo presencial, a lo tangible. Es que para los educadores de Champagnat la presencialidad es clave e ineludible, y el COVID-19 había cortado una parte esencial de la propuesta Marista. La vocación vuelve a tomar fuerza cuando los alumnos y alumnas están en el colegio.

Un trabajo de equipo

Para este logro tan importante que es la vuelta a clases presenciales las comunidades Maristas atravesaron un mar de dificultades. Este acontecimiento es una realidad gracias al formidable trabajo en equipo y a la excelente comunicación interna para brindarse apoyo entre docentes y directivos, darse reconocimiento por el esfuerzo y sortear los distintos obstáculos. Lo repentino de la pandemia trajo mucha incertidumbre, pero se ganó una importante batalla y se continuará luchando. Siempre en equipo. Y con los chicos y chicas en la escuela.